Estela Catronuovo
Universidad de Buenos Aires - IUNA
En su Muerte de la tragedia, Georg Steiner 1 describe el recorrido del
modelo de la tragedia clásica en el teatro europeo. En el último capítulo,
propone tres posibilidades respecto de la suerte de la tragedia en nuestro
tiempo: “… que la tragedia está, en verdad, muerta; que se prolonga en su
tradición fundamental pese a cambios de forma técnica; o, por último, que el
teatro trágico podría resucitar”
Es nuestra hipótesis, en las
páginas que siguen, que la cosmovisión trágica pervive en nuestra época
agónica, aunque sus elementos definitorios han sufrido desplazamientos
decisivos tanto en el plano de la significación,
como en el plano técnico y formal. Esto no nos impide reconocer que la matriz
trágica, alimentada por la mitología griega, sigue siendo un paradigma
productivo en los intentos de representación estética de los horrores que nos
desgarran. El mismo Steiner reconoce esta posibilidad cuando afirma: “Uno de
los descubrimientos memorables de la inteligencia moderna ha sido que las
antiguas fábulas pueden leerse a la luz del psicoanálisis y la antropología…” O
en sede socio-política, podríamos agregar.